{"version":"1.0","provider_name":"MeRCeNaRioS -={GGS}=-","provider_url":"https:\/\/www.mercenarios.org\/wps","author_name":"mesUx","author_url":"https:\/\/www.mercenarios.org\/wps\/author\/mesux\/","title":"Yo, el vampiro. Primera y Segunda Parte. - MeRCeNaRioS -={GGS}=-","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"lL7zCtc88V\"><a href=\"https:\/\/www.mercenarios.org\/wps\/forums\/topic\/yo-el-vampiro-primera-y-segunda-parte\/\">Yo, el vampiro. Primera y Segunda Parte.<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/www.mercenarios.org\/wps\/forums\/topic\/yo-el-vampiro-primera-y-segunda-parte\/embed\/#?secret=lL7zCtc88V\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"\u00abYo, el vampiro. Primera y Segunda Parte.\u00bb \u2014 MeRCeNaRioS -={GGS}=-\" data-secret=\"lL7zCtc88V\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/www.mercenarios.org\/wps\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"Este relato est\u00e1 sacado de un blog, el cual, adem\u00e1s de este apartado para relatos incluye algunos m\u00e1s, incluso para mayores de 18 a\u00f1os. Me ha gustado, si os gusta, y quer\u00e9is seguir leyendo continuar\u00e9 con su relato hasta donde ha llegado \u00e9l. Es f\u00e1cil de encontrar, es un blog de una aficionado a los relatos, pod\u00e9is salir del foro aqu\u00ed o seguir leyendo. Aqu\u00ed os presento el primero. Relatos: Yo, Vampiro (I) 1. Mi nacimiento. Mi nombre es Esa\u00fa, y soy un vampiro. Durante m\u00e1s de novecientos a\u00f1os no he sentido necesidad alguna de contar mi historia. Sin embargo, es ahora, tras tanto tiempo en las sombras, cuando deseo dar a conocer mi existencia. No s\u00e9 si el lector alcanzar\u00e1 a entender mis razones para ello, pero tampoco me importa demasiado. A lo largo de los a\u00f1os he sido testigo de cosas maravillosas, pero tambi\u00e9n de terribles atrocidades. \u00bfDe qu\u00e9 sirve haber vivido tanto tiempo y haber acumulado tantos conocimientos si no puedo transmit\u00edrselos a nadie? Del mismo modo que no tendr\u00eda ning\u00fan sentido componer la m\u00e1s hermosa melod\u00eda si no hay nadie que pueda escucharla, \u00bfqu\u00e9 sentido habr\u00e1 tenido mi existencia si nadie llega a conocerla?. No piense el lector que mi vida est\u00e1 llegando a su fin. No estoy cansado de vivir. Al menos no todav\u00eda. Pero supongo que el tiempo ha acabado haciendo mella en m\u00ed. Los tiempos cambiantes y el mundo, siempre en constante evoluci\u00f3n, han conseguido mantener mi inter\u00e9s durante m\u00e1s de nueve siglos. Sin embargo, son los mortales los que siempre me han cautivado. Los mortales, a los que amo y envidio al mismo tiempo. Por su eterna esperanza de un mundo mejor, que les hace fuertes. Por su mortalidad, que les da el descanso eterno. Por sus sentimientos exacerbados, que les hacen sentir vivos cada instante de su vida. Pero al fin, tras tanto tiempo viviendo entre ellos he comprendido que, a trav\u00e9s de los siglos, sus esperanzas y temores siguen siendo los mismos. Sondeo sus mentes y no soy capaz de encontrar diferencias entre un mortal del siglo XI que viviera en Francia y otro del siglo XXI que viva en Jap\u00f3n. Poder, riqueza, amor\u2026 Los mortales son tan simples en su existencia y, al mismo tiempo, tan fascinantes, que me cuesta creer que una vez fui uno de ellos. Apenas recuerdo nada de los primeros a\u00f1os de mi vida mortal. De vez en cuando surgen de mi mente im\u00e1genes breves e inconexas de paseos a caballo con mi padre mientras me mostraba las tierras que alg\u00fan d\u00eda llegar\u00edan a ser m\u00edas, de mi aprendizaje en el manejo de las armas, del rostro de mi madre&#8230; Tan solo retazos de un pasado perdido en el tiempo. Nac\u00ed a la mortalidad en el a\u00f1o 1076, en los reinos cristianos del norte de Espa\u00f1a. Mi vida transcurr\u00eda sin sobresaltos, en el castillo de mi padre, entre caballos, armas y fastuosos banquetes. Mi cabeza estaba llena de historias de h\u00e9roes y villanos. De grandes batallas contra el moro invasor. De caballeros que alcanzaban fama y honor y eran admirados y temidos gracias a sus incre\u00edbles gestas en el campo de batalla. Y yo ansiaba con todas mis fuerzas ser como ellos. Esperando mi oportunidad, me entrenaba en el manejo de las armas con una pasi\u00f3n desenfrenada , casi sin descanso. Un d\u00eda, un ilustre viajero que lleg\u00f3 al castillo buscando refugio para pasar la noche, trajo hasta nosotros la noticia de que el Papa Urbano II hab\u00eda hecho una pr\u00e9dica para la toma de Los Santos Lugares: la Primera Cruzada. Era el a\u00f1o 1095. Era mi gran oportunidad. Lleno de ilusi\u00f3n, ped\u00ed permiso a mi padre para unirme a la expedici\u00f3n. Pero \u00e9l se neg\u00f3 en redondo. Era su hijo mayor y, por lo tanto, el heredero del t\u00edtulo y las tierras. No pod\u00eda poner mi vida en peligro. Y menos a\u00fan teniendo en cuenta la permanente amenaza que para nosotros significaba la presencia de los musulmanes al sur. Pero finalmente mis argumentos consiguieron convencerle. Por un lado, una familia como la nuestra, conocida en todo el reino, no pod\u00eda permitirse el lujo de ausentarse de tan magno evento. Y, por otro lado, si me pasaba algo a m\u00ed, el apellido no se perder\u00eda, pues mi hermano podr\u00eda darle continuidad. As\u00ed, pues, mi padre lo arregl\u00f3 todo para que me uniera a las huestes de Raimundo de Saint-Gilles, conde de Tolosa, a quien un\u00eda una profunda y antigua amistad. Part\u00ed del castillo de mi padre pertrechado con todo el bagaje necesario para emprender tan magna aventura. Pero no iba solo. Me acompa\u00f1aban tres hombres de confianza de mi padre, con el encargo de ayudarme y velar por m\u00ed mientras estuviera lejos de mi hogar. No entrar\u00e9 en detalles sobre las penalidades sufridas, los encarnizados combates librados, los amigos perdidos \u2013entre ellos mis tres acompa\u00f1anates- o los maravillosos lugares que vi durante nuestro periplo. Baste decir que el 7 de junio del a\u00f1o 1099 entramos en la Ciudad Santa de Jerusal\u00e9n. Poco imaginaba yo, entonces, c\u00f3mo iba a cambiar mi existencia en unos pocos d\u00edas. Todo comenz\u00f3 \u2013o termin\u00f3, dependiendo del punto de vista- cuando el conde de Tolosa me encomend\u00f3 la misi\u00f3n de escoltar una caravana con provisiones desde Jerusal\u00e9n hasta una de las guarniciones que hab\u00edamos dejado en nuestro camino hacia la Ciudad Santa. Part\u00ed al alba al mando de la caravana y de un grupo de veinte hombres armados. El viaje transcurri\u00f3 sin novedad hasta el anochecer del d\u00eda siguiente, cuando fuimos atacados por un numeroso grupo \u2013de unos cuarenta o cincuenta jinetes- de sarracenos que, hambrientos y derrotados, lo \u00fanico que buscaban era hacerse con las provisiones que transport\u00e1bamos. Cogidos por sorpresa, luchamos como pudimos contra nuestros atacantes. Casi al principio del combate, el impacto de una flecha en un hombro me derrib\u00f3 del caballo. Recib\u00ed a nuestros atacantes a pie, con la espada desenvainada y furioso por el dolor en mi hombro. Consegu\u00ed derribar a dos de ellos y darles muerte. Durante un instante de respiro, pude atisbar a lo lejos una nube de polvo que revelaba la presencia de un nutrido grupo de jinetes al galope. Sin saber a\u00fan si eran amigos o enemigos, continu\u00e9 combatiendo con denuedo. Sin embargo, dolorido como estaba a causa de la flecha y sin montura, vi, impotente, c\u00f3mo uno de nuestros atacantes lanzaba su enorme caballo de guerra contra m\u00ed para derribarme. Sin posibilidades de defenderme, el jinete me infligi\u00f3 un profundo corte con su cimitarra. Tendido en el suelo, mientras mi sangre se mezclaba con el polvo del desierto, pude ver c\u00f3mo el enemigo se retiraba. A\u00fan pude conservar el conocimiento el tiempo suficiente como para ver que los jinetes que cabalgaban hacia nosotros portaban la cruz de cristo en sus vestiduras llenas de polvo. Cre\u00ed reconocer a varios de ellos. Eran soldados de la guarnici\u00f3n a la que nos dirig\u00edamos y que, sin duda, enterados de la existencia de la partida que nos hab\u00eda atacado, hab\u00edan salido a nuestro encuentro para escoltarnos. Por desgracia, hab\u00edan llegado demasiado tarde. Herido y agotado, perd\u00ed el conocimiento. A partir de ese momento, mi memoria se torna nubosa. Recuerdo haber recuperado el consciencia de forma intermitente mientras era transportado posiblemente en un carro. Afortunadamente, los periodos de lucidez no eran demasiado largos, por lo que el sufrimiento no era excesivo. En otro momento cre\u00ed yacer en una cama, junto a otros hombres enfermos o heridos, como yo, en una gran sala. Junto a mi lecho, una figura alta, posiblemente de mujer, me observaba. No s\u00e9 cuanto tiempo estuve inconsciente, pero cuando volv\u00ed a recuperar el conocimiento, me encontraba totalmente descansado. De hecho, no recordaba haber estado nunca mejor. Me hallaba en un lugar oscuro aunque, para mi sorpresa, pod\u00eda ver perfectamente lo que me rodeaba. Estaba tendido en una cama con dosel en una habitaci\u00f3n con paredes de m\u00e1rmol y ricamente adornada. Probablemente me hab\u00edan llevado de vuelta a Jerusal\u00e9n, donde, debido a mi rango, me hab\u00edan alojado en un palacio o castillo y hab\u00edan curado mis heridas. Me sorprend\u00ed al no notar ning\u00fan dolor en mi cuerpo. Nunca hab\u00eda sido herido de esa forma, pero siempre hab\u00eda cre\u00eddo que el dolor ser\u00eda atroz durante el periodo de recuperaci\u00f3n. Y, sin embargo, no sent\u00eda nada fuera de lo normal. Quiz\u00e1 las heridas hab\u00edan resultado no ser tan graves\u2026 A\u00fan dudando por lo que podr\u00eda encontrar, levant\u00e9 la s\u00e1bana que cubr\u00eda mi cuerpo desnudo. Mi sorpresa fue may\u00fascula. No s\u00f3lo no hab\u00eda herida, sino que mi cuerpo no presentaba ninguna cicatriz. \u00bfCu\u00e1nto tiempo llevaba all\u00ed? Lo mismo pod\u00edan haber pasado un par de d\u00edas como semanas o meses. Eso explicar\u00eda que la herida hubiera cicatrizado. Sin embargo no hab\u00eda raz\u00f3n alguna para la ausencia de cicatriz. Al cabo de unos segundos apenas pude ahogar un grito al darme cuenta de un detalle que hab\u00eda pasado por alto al principio: efectivamente, mi cuerpo no presentaba ninguna cicatriz. Pero no s\u00f3lo echaba en falta la de la herida que hab\u00eda sufrido en la batalla, sino todas las cicatrices. Por alguna clase de magia que no alcanzaba a comprender, todas las se\u00f1ales de mi cuerpo hab\u00edan desaparecido. Fue entonces cuando la o\u00ed por primera vez. \u201cPor fin has despertado\u201d. Era la voz m\u00e1s hermosa que hab\u00eda escuchado jam\u00e1s. C\u00e1lida y sensual, sus palabras me abrazaron con la suavidad de la seda. Busqu\u00e9 el origen de la voz y la descubr\u00ed en un rinc\u00f3n de la habitaci\u00f3n, aunque, curiosamente, al despertar y estudiar la estancia, su presencia me hab\u00eda pasado por alto. Era una mujer alta, ricamente vestida y tan hermosa que su sola presencia era capaz de iluminar la habitaci\u00f3n como si dentro de ella se concentraran mil soles. Avanz\u00f3 hacia m\u00ed lentamente. Cada uno de sus movimientos era pura poes\u00eda. Se movia como un felino, sin hacer ruido. Entonces pude apreciar mejor sus facciones. Eran muy delicadas. Ten\u00eda la tez blanca y sus cabellos ondulados, de color rubio ceniciento, recogidos en un elegante peinado. Sus ojos, de un color que no pude determinar, me miraban fijamente. Me enamor\u00e9 al instante de ella. Volvi\u00f3 a hablar. \u201cHas tardado mucho. Por un momento pens\u00e9 que hab\u00eda llegado demasiado tarde\u201d. Con sorpresa, advert\u00ed que, si bien hab\u00eda escuchado sus palabras, ella no hab\u00eda despegado los labios en ning\u00fan momento. -\u00bfQui\u00e9n sois? \u2013pregunt\u00e9. \u201cNo uses la voz. No es necesario entre nosotros. Tan solo piensa lo que quieres decir y proy\u00e9ctalo hacia m\u00ed\u201d. Prob\u00e9 a hacer lo que me dec\u00eda. \u201c\u00bfQui\u00e9n eres? \u00bfPor qu\u00e9 me has salvado?\u201d. \u201cMi nombre es Isabelle. Y no te he salvado. O, al menos, no como t\u00fa crees\u201d. \u201cPero estoy vivo\u201d. \u201cNo. Est\u00e1s muerto\u201d. Me horroric\u00e9 al escuchar sus palabras. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda decir que estaba muerto? Estaba respirando, y pensando. Desde luego no estaba muerto. \u201cNo te creo\u201d, le dije. Y, sin embargo, de alguna forma supe que me dec\u00eda la verdad. No s\u00e9 explicar c\u00f3mo, pero sent\u00ed que no me ment\u00eda. Algo en su mente me lo dec\u00eda. Y, sorprendentemente, no me cost\u00f3 aceptarlo. Simplemente, estaba muerto. Era un hecho y discutirlo no conduc\u00eda a ninguna parte. \u201c\u00bfD\u00f3nde estamos?\u201d \u201cEn Constantinopla\u201d \u201cDios m\u00edo. Entonces debe haber pasado mucho tiempo desde que fui herido\u201d. \u201cApenas cuatro d\u00edas\u201d. \u201c\u00a1Mientes!\u201d. \u201cSabes que no\u201d. S\u00ed, lo sab\u00eda. Pero no quer\u00eda admitirlo. \u201cFui herido\u2026 y me llevaron a\u2026 \u00bfun hospital?\u201d. \u201cTus compa\u00f1eros te llevaron de nuevo a Jerusal\u00e9n\u201d. \u201c\u00a1Te recuerdo! Tu estabas junto a m\u00ed en aquel lugar\u201d. \u201cS\u00ed\u201d. Pero \u00bfqu\u00e9 hac\u00edas all\u00ed? Quiero decir\u2026\u201d. \u201cAh, s\u00e9 a lo que te refieres. Pero sigues pensando en t\u00e9rminos mortales. Era una mujer en una zona de guerra, s\u00ed\u2026 pero tambi\u00e9n soy mucho m\u00e1s\u201d. \u201c\u00bfQu\u00e9 eres?\u201d Ella sonri\u00f3, y su sonrisa me llen\u00f3 de calor. \u201cSoy un vampiro&#8230; como t\u00fa ahora\u201d. Me qued\u00e9 aturdido al escuchar sus palabras. \u00bfUn vampiro? Hab\u00eda o\u00eddo historias al respecto. Viejas leyendas que se contaban por las noches junto al fuego de los campamentos. \u201cLos vampiros son seres demon\u00edacos. Servidores de Satan\u00e1s\u201d \u201c\u00bfAcaso te parezco un ser demon\u00edaco?\u201d Ciertamente no. Aquella criatura era lo m\u00e1s hermoso que hab\u00eda visto nunca. Y, por otro lado, no pod\u00eda negar que algo hab\u00eda cambiado en m\u00ed. Pod\u00eda comunicarme directamente a trav\u00e9s de mis pensamientos. Mis cicatrices hab\u00edan desaparecido. Pod\u00eda ver en la oscuridad\u2026 \u201cY eso no es todo. A\u00fan debes aprender mucho. Yo ser\u00e9 tu maestra\u201d. Ella pod\u00eda leerme la mente. \u00bfPodr\u00eda leer yo la suya? \u201cPuedes. Pero no lo intentes a\u00fan. Es mejor as\u00ed, de momento\u201d \u201cNo has respondido a mi pregunta de antes. \u00bfQu\u00e9 hac\u00edas all\u00ed?\u201d \u201cTe buscaba a ti\u201d \u201c\u00bfA m\u00ed? \u00bfPor qu\u00e9 yo?\u201d \u201cHace tiempo que busco un compa\u00f1ero. La soledad puede llegar a pesar m\u00e1s que el propio Don. Te he seguido. He sondeado tu mente. He estudiado tus acciones. Y supe que t\u00fa eras un buen candidato. Oh, hab\u00eda otros que me habr\u00edan servido igualmente. Ll\u00e1malo una cuesti\u00f3n de azar. Por otro lado, no era mi intenci\u00f3n actuar tan pronto. Pero cuando sent\u00ed que hab\u00edas sido herido, acud\u00ed a tu lado, te traje aqu\u00ed y te di de beber de mi sangre. As\u00ed es como te transmit\u00ed el Don\u201d. As\u00ed que hab\u00eda sido elegido entre otros muchos. De momento me bastaba con sus explicaciones. Pero en alg\u00fan momento me gustar\u00eda profundizar en ellas. \u201c\u00bfA qu\u00e9 Don te refieres?\u201d \u201cA la inmortalidad\u201d \u201c\u00bfEres inmortal?\u201d Isabelle frunci\u00f3 el ce\u00f1o. \u201cNo hables como si fu\u00e9ramos diferentes. Ahora t\u00fa tambi\u00e9n eres inmortal. S\u00ed, ambos somos inmortales. Pero no somos totalmente invulnerables. Debes guardarte de la luz del sol y del fuego, pues ambas cosas podr\u00edan destruirte\u201d. \u201c\u00bfC\u00f3mo\u2026?\u201d \u201cBasta de preguntas por el momento. Debes alimentarte. \u00bfNo sientes la Sed?\u201d. Hasta ese instante no me hab\u00eda dado cuenta. Pero nada m\u00e1s mencionarlo, efectivamente, sent\u00ed una sed muy intensa. \u201cOh, si\u2026 siento la Sed en ti. Ven\u201d, me dijo. Sin sentir ning\u00fan pudor, me levant\u00e9 de la cama, desnudo como estaba, y me acerqu\u00e9 a ella. Me cogi\u00f3 de la mano y me acerc\u00f3 hasta que nuestros cuerpos se juntaron. Nos besamos. Su boca me recorri\u00f3 el cuello y sent\u00ed sus colmillos en mi cuello. Y despu\u00e9s, el \u00e9xtasis. \u00bfC\u00f3mo explicar lo inexplicable? \u00bfC\u00f3mo describir el c\u00famulo de sensaciones y visiones que invadieron mi mente mientras ella saciaba su Sed conmigo?. Fui suyo. Me di por completo. Sent\u00ed c\u00f3mo mi sangre flu\u00eda de mi cuerpo al suyo. C\u00f3mo ambos nos convert\u00edamos en un solo ser\u2026 Cuando me solt\u00f3 ca\u00ed de rodillas ante ella, extasiado y, al mismo tiempo, agotado. Ella se agach\u00f3 y me levant\u00f3 con facilidad, como si fuera una pluma, me abraz\u00f3 y me llev\u00f3 hasta un armario, lo abri\u00f3 y seleccion\u00f3 una serie de ropas. \u201cV\u00edstete\u201d, me dijo. Cuando lo hube hecho, y ya completamente recuperado, Isabelle me condujo fuera de la habitaci\u00f3n y pude comprobar que nos encontr\u00e1bamos en un palacio. Me ense\u00f1\u00f3 todas las estancias y, cuando est\u00e1bamos en el s\u00f3tano, me llev\u00f3 hasta una pared donde una gran piedra tallada tapaba lo que parec\u00eda la entrada a un t\u00fanel. \u201cMu\u00e9vela\u201d. \u201cPesa demasiado para m\u00ed\u201d. \u201cAhora ya no\u201d. Era cierto. Mov\u00ed la piedra con sorprendente facilidad. Asi que esa era otra de mis reci\u00e9n adquiridas habilidades\u2026 Nos adentramos en el oscuro t\u00fanel y bajamos unas escaleras hasta llegar a una amplia c\u00e1mara excavada en la roca. En el centro de la c\u00e1mara hab\u00eda cinco sarc\u00f3fagos de piedra, con aspecto de ser viejos como el tiempo. \u201cEl del centro es el m\u00edo. T\u00fa pedes usar el de la derecha\u201d. \u201c\u00bfDormiremos aqu\u00ed?\u201d \u201cS\u00ed. Es el lugar m\u00e1s seguro para nosotros. Ning\u00fan rayo de luz puede llegar hasta aqu\u00ed abajo. Ahora debemos salir. Has de alimentarte\u201d. Salimos a la noche montados en sendos corceles que cogimos de las caballerizas del palacio. La capital del Imperio Romano de Occidente se abr\u00eda ante nosotros, mostr\u00e1ndonos todos sus tesoros. Casi en el instante en que salimos a la calle, mi mente se vio asaltada por un torbellino de pensamientos. A punto estuve de caer del caballo. Solt\u00e9 las riendas y me mes\u00e9 la cabeza, intentando desesperadamente expulsarlos de mi interior. Apenas era capaz de formular mis propios pensamientos. \u201c\u00bfQu\u00e9 es esto?\u201d, pregunt\u00e9 a mi creadora. \u201cLos pensamientos de la gente que nos rodea. A\u00edslalos. Deja entrar en tu mente s\u00f3lo los que t\u00fa quieras\u201d. Poco a poco, concentr\u00e1ndome, pude rechazarlos y, tal y como Isabelle dec\u00eda, dejarlos entrar en mi mente de forma ordenada. Entonces, no s\u00f3lo pod\u00eda leer la mente de Isabelle, \u00a1sino tambi\u00e9n la de todos los mortales!. Mientras avanz\u00e1bamos por las calles de la ciudad hacia lo que aprec\u00eda ser la periferia, me entretuve en ejercitar este nuevo poder. Escuch\u00e9 los pensamientos de la gente en sus casas, de aquellos que se cruzaban con nosotros en la calle. Y sent\u00ed que aquello era algo maravilloso. Pero hab\u00eda algo m\u00e1s que sus pensamientos. Algo que me atravesaba como una espada: su olor. El olor a mortal me invad\u00eda por cada uno de los poros de mi p\u00e1lida piel. Me llamaba. Me atra\u00eda hac\u00eda ellos. Apenas si pod\u00eda resistir la tentaci\u00f3n de lanzarme contra aquellos con los que nos cruz\u00e1bamos en la calle. Ella percibi\u00f3 mi inquietud. \u201cCont\u00e9n tus impulsos. No debemos revelar a los mortales nuestra naturaleza. Si supieran de nuestra existencia, nos exterminar\u00edan\u201d. \u201cNosotros somos m\u00e1s poderosos\u201d. \u201cPero ellos son m\u00e1s numerosos\u201d. Acept\u00e9 sus explicaciones y continu\u00e9 cabalgando a su lado hasta que los palacios y grandes casas se\u00f1oriales dieron paso a casas de piedra y, finalmente, estas dejaron su espacio a peque\u00f1as casas de barro. Supuse que hab\u00edamos llegado a los barrios bajos de la ciudad. Donde todo pod\u00eda comprarse y venderse -desde una gallina hasta una mujer- y donde la vida de una persona val\u00eda lo que se puediese pagar por ella. \u201cHemos llegado\u201d dijo, Isabelle. Descabalgamos y seguimos a pie, llevando a nuestras monturas de las riendas. \u201c\u00bfA qu\u00e9 hemos venido?\u201d, pregunt\u00e9. \u201cA cazar\u201d. \u201c\u00bfA cazar gente?\u201d. Ella capt\u00f3 mi tono de disgusto. \u201cDebemos cazar para sobrevivir\u201d \u201c\u00bfY por qu\u00e9 no sobrevivir cazando animales?\u201d Ella se detuvo y me mir\u00f3 muy seria. \u201cSi hicieras eso ser\u00edas indigno del Don. Eres un vampiro. Comp\u00f3rtate como tal\u201d. Continu\u00f3 andando y yo la segu\u00ed. Isabelle sigui\u00f3 hablando. \u201cNo debes mezclar la caza con tus sentimientos. Si quieres amar a los mortales, hazlo. Nadie te lo impide. Pero recuerda siempre d\u00f3nde est\u00e1n ellos y d\u00f3nde est\u00e1s t\u00fa\u201d. \u201cPero son tan d\u00e9biles, tan ignorantes de lo que les rodea\u2026 Como\u2026\u201d, me interrump\u00ed. \u201c\u00bfC\u00f3mo t\u00fa, antes de que yo te convirtiera?\u201d. \u201cS\u00ed\u201d, respond\u00ed con un hilo de voz. Ella se detuvo de nuevo y sonri\u00f3. Solt\u00f3 una mano de las riendas de su caballo y cogi\u00e9ndome de la nuca, me atrajo hacia ella para besarme. \u201cVen\u201d, dijo, \u201cdetr\u00e1s de esa iglesia encontraremos lo que buscamos\u201d. Rodeamos el edificio y me llev\u00f3 hasta una calle estrecha y maloliente donde nos detuvimos. \u201c\u00bfY ahora qu\u00e9?\u201d \u201cMira all\u00ed\u201d. Isabelle me se\u00f1alaba lo que parec\u00eda una taberna. Se o\u00edan risas y gritos que sal\u00edan de su interior. \u201cAll\u00ed se reune lo peor de la ciudad: estafadores, ladrones, asesinos\u2026\u201d Entonces fui yo el que sonri\u00f3. \u201cVeo que seleccionas a tus v\u00edctimas entre lo m\u00e1s granado de la sociedad\u201d. Isabelle se encogi\u00f3 de hombros. \u201cYa que nos alimentamos de ellos, \u00bfpor qu\u00e9 no hacerlo de los indeseables?\u201d. \u201cVaya\u201d, contest\u00e9, \u201c\u00bfestoy descubriendo un atisbo de escr\u00fapulos?\u201d. Casi inmediantamente sent\u00ed una oleada de furor que emanaba de ella. \u201cNo confundas los escr\u00fapulos con la \u00e9tica, muchacho. Incluso nosotros podemos tener una \u00e9tica\u201d. \u201c\u00bf\u00c9tica? Somos monstruos. Servidores del Diablo. \u00bfY t\u00fa me hablas de \u00e9tica?\u201d \u201cDios, el Diablo\u2026 nunca he visto a ninguno de los dos. Sin embargo, nosotros somos reales. Llevo matando para alimentarme m\u00e1s a\u00f1os de los que puedas imaginar, y nunca ha venido nadie a decirme qu\u00e9 estaba bien o qu\u00e9 estaba mal\u201d. De pronto una figura surgi\u00f3 del local. Una mujer. Comenz\u00f3 a andar hacia nosotros. \u201cEs para ti\u201d, dijo Isabelle. Incluso con la distancia que me separaba de ella, pude apreciar su olor. El olor a sangre. Movido m\u00e1s por el instinto que por la raz\u00f3n, me abalanc\u00e9 hacia la infortunada mujer, la cog\u00ed por la cintura y sub\u00ed hacia la azotea de uno de los edificios que bordeaban el callej\u00f3n. No me di cuenta, hasta haber llegado arriba, de que no hab\u00eda emitido un solo grito. La dej\u00e9 en el suelo y me separ\u00e9 de ella para contemplarla. No pod\u00eda decir que fuera una gran belleza. O quiz\u00e1 s\u00ed lo fuera, pero inconscientemente no pod\u00eda dejar de compararla con Isabelle. Y estaba claro que, para m\u00ed, nadie era comparable a Isabelle, mi creadora. Era bastante joven. Rondar\u00eda los veinte o veintid\u00f3s a\u00f1os. Me miraba con unos ojos grandes y aterrorizados. Sin embargo segu\u00eda sin emitir un solo sonido. Pens\u00e9 que quiz\u00e1 fuera muda. \u201cNo lo es\u201d, o\u00ed la voz de Isabelle en mi cabeza. Me gir\u00e9 y la vi detr\u00e1s de m\u00ed. \u201cEs tu presencia lo que la paraliza. Tenemos ese poder sobre los humanos, si lo deseamos\u201d. Volv\u00ed a mirar a la muchacha. Se cubr\u00eda el cuerpo con los brazos, en un vano intento de protegerse de m\u00ed. \u201cD\u00e9jate llevar por la Sed, querido\u201d Avanc\u00e9 hacia la joven y la cog\u00ed de una mu\u00f1eca mientras con la otra mano desgarraba su vestido de un tir\u00f3n, dejando al descubierto unos pechos peque\u00f1os y blancos. Y entonces clav\u00e9 mis colmillos en su cuello, justo en la arteria, y comenc\u00e9 a succionar su sangre. Sent\u00ed c\u00f3mo mi cuerpo entraba en calor mientras le arrebataba la vida. Ella se mostr\u00f3 d\u00f3cil en todo momento, incapaz de hacerme frente. \u201cPodemos proporcionar a los mortales una clase e intensidad de placer a la que jam\u00e1s tendr\u00edan acceso de otra forma. Pero a cambio, les arrebatamos la vida\u201d. Yo casi no la escuchaba, extasiado como estaba con la experiencia que estaba viviendo. Sent\u00eda la vida de la muchacha escap\u00e1ndose de su cuerpo mientras yo la absorb\u00eda poco a poco. Al final, usando toda mi fuerza de voluntad, me separ\u00e9 de ella, dej\u00e1ndola tendida en el suelo, agonizante. \u201c\u00bfAlguna vez hab\u00edas sentido algo como esto? \u00bfNo es maravilloso?\u201d \u201cS\u00ed, lo es\u201d, respond\u00ed. \u201cV\u00e1monos\u201d. Recorrimos la ciudad durante un par de horas m\u00e1s. Isabelle me ense\u00f1\u00f3 varios rincones, explic\u00e1ndome mil y una historias sobre la ciudad. Despu\u00e9s volvimos al palacio que ahora llamaba mi hogar. A\u00fan faltaba m\u00e1s de una hora para el amanecer. Despu\u00e9s de dejar los caballos, Isabelle me condujo al piso de arriba. Intent\u00e9 captar sus pensamientos, pero no pude. Entramos en una de las habitaciones, mejor adornada que en la que hab\u00eda despertado hac\u00eda tan solo unas horas, aunque a m\u00ed me parec\u00edan a\u00f1os. Isabelle cerr\u00f3 la puerta y cuando me gir\u00e9 hacia ella, se despoj\u00f3 de su vestido, quedando completamente desnuda. Se me hizo un nudo en la garganta mientras contemplaba su cuerpo desnudo. Sin duda las mism\u00edsimas diosas Venus y Afrodita palidecer\u00edan de envidia ante tama\u00f1a perfecci\u00f3n de formas. \u201cVen a m\u00ed\u201d, dijo mientras me tend\u00eda los brazos. Sent\u00ed c\u00f3mo una irrefrenable oleada de lujuria se apoderaba de m\u00ed. Atraves\u00e9 la estancia y la rode\u00e9 con mis brazos mientras la besaba con toda la pasi\u00f3n de que era capaz. Entre los dos conseguimos despojarme de mis ropas. Sent\u00ed su piel contra la m\u00eda y sus pechos apretados contra mi torso. La levant\u00e9 del suelo. Ella rode\u00f3 mi cintura con sus piernas mientras yo apoyaba su espalda contra la puerta de la habitaci\u00f3n. Y all\u00ed mismo la pose\u00ed por primera vez, mientras no dejaba de besarla. Despu\u00e9s fuimos hasta la cama, donde seguimos acarici\u00e1ndonos, explorando nuestros cuerpos hasta que la luz del amanecer comenz\u00f3 a filtrarse entre el espeso cortinaje de las altas ventanas. Entonces descendimos hasta nuestro refugio, donde nos acostamos en nuestros respectivos sarc\u00f3fagos para descansar. Hellcat Barcelona 3 de junio de 2004 Revisado: 4 de junio de 2004 ******************************************* Relatos: Yo, Vampiro (II) 2. Isabelle. La siguiente noche fui despertado por la Sed. Apart\u00e9 la pesada tapa de piedra del sarc\u00f3fago y sub\u00ed hasta la primera planta. Mi instinto me llev\u00f3 hasta la biblioteca, donde Isabelle le\u00eda sentada en un sill\u00f3n. \u201cHas tardado en despertarte\u201d, dijo mientras cerraba el libro, \u201cllevo levantada desde el anochecer\u201d. Me asom\u00e9 a una de las ventanas y comprob\u00e9 que, efectivamente, ya era noche cerrada y las sombras protectoras cubr\u00edan la ciudad. Isabelle me cogi\u00f3 de la mano y me llev\u00f3 por la casa hasta una puerta que comunicaba \u00e9sta con las caballerizas. \u201cVamos\u201d, me dijo con una sonrisa, \u201csalgamos\u201d. Al llegar junto a los caballos yo intent\u00e9 besarla, pero ella detuvo mi adem\u00e1n suavemente. \u201cCacemos primero\u201d. Me molest\u00f3 un poco que hiciera eso. \u00bfAcaso no era ella mi creadora? \u00bfAcaso no era mi amante? \u00bfO no lo era? Realmente, \u00bfqu\u00e9 me hac\u00eda pensar que yo era el \u00fanico a quien amaba? Cuando ella se dispon\u00eda a montar, la retuve. \u201c\u00bfHay otros aparte de m\u00ed?\u201d. \u201cSi te refieres a si somos los \u00fanicos vampiros, la respuesta es no. Hay muchos m\u00e1s\u201d \u201cSabes a qu\u00e9 me refiero\u201d. Ella volvi\u00f3 a sonreir. Su sonrisa era para m\u00ed como un elixir de vida. Cuando lo hac\u00eda, mostraba unos dientes blancos, perfectamente distribuidos y enmarcados por unos labios ahora p\u00e1lidos a causa de la Sed, pero que pronto se tornar\u00edan rosados\u2026 cuando hubiera bebido. \u201cS\u00ed, s\u00e9 a lo que te refieres. No hay otros, aparte de ti\u201d. Afloj\u00e9 mi presa y mont\u00f3. Yo la imit\u00e9 y ambos salimos del edificio en direcci\u00f3n a los barrios bajos. Aquella noche pude ver, por primera vez, como cazaba mi creadora. Cuando se abalanz\u00f3 sobre su presa, no s\u00f3lo vi, sino que tambi\u00e9n sent\u00ed, c\u00f3mo Isabelle se transformaba en una especie de animal salvaje. No quiero decir con esto que su forma f\u00edsica cambiase, pues no fue as\u00ed. Pero a mis ojos la transformaci\u00f3n tuvo lugar. Hab\u00eda algo hermoso y primigenio en sus movimientos. Algo felino, tal y como pens\u00e9 la primera vez que la vi. Yo cac\u00e9 un hombre. No me fue dif\u00edcil, puesto que mi fuerza f\u00edsica era muy superior a la suya. Pero su sangre\u2026 no s\u00e9 c\u00f3mo explicarlo. Not\u00e9 una cierta diferencia con respecto a la de la mujer que hab\u00eda cazado la noche anterior. La sangre de la mujer hab\u00eda tenido un sabor dulce, agradable. Un sabor que hab\u00eda colmado todos mis deseos y expectativas. Sin embargo, la sangre de aquel hombre, aunque hab\u00eda saciado mi Sed, no me hab\u00eda llegado tan profundamente como la de la mujer. Quiz\u00e1 la diferencia estribara en alg\u00fan remanente de mi heterosexualidad mortal, cuando rechazaba cualquier contacto carnal con hombres \u2013al fin y al cabo, la caza de mortales tiene un fuerte componente carnal-. O quiz\u00e1 fuera que la primera vez que un vampiro caza, la sangre as\u00ed conseguida sabe diferente. No lo sab\u00eda a ciencia cierta. Hice part\u00edcipe a Isabelle de mis pensamientos. \u201cA m\u00ed me es indiferente cazar hombres o mujeres\u201d, me explic\u00f3. \u201cSin embargo s\u00ed he o\u00eddo que hay vampiros que prefieren una sangre determinada, aunque confieso que desconozco la causa. Me dices que el sabor es direrente. Que no experimentas las mismas sensaciones. Me parece tan buena explicaci\u00f3n como cualquier otra. Nadie nos obliga a seguir unas determinadas reglas durante la caza. Puedes hacer lo que te plazca\u201d. A\u00fan hoy, sigo sin conocer la raz\u00f3n de que prefiera la sangre de las mujeres a la de los hombres. Pero desde entonces hasta ahora, m\u00e1s de nueve siglos despu\u00e9s, salvo en contadas excepciones, s\u00f3lo he cazado mujeres. Aquella fue la primera vez que constat\u00e9 que Isabelle no conoc\u00eda todas las respuestas a mis preguntas. Supuse que hab\u00eda muchas cosas que los vampiros desconoc\u00edamos de nosotros mismos. Durante las semanas siguientes, Isabelle me instruy\u00f3 sobre la vida del vampiro y sobre mis nuevos poderes. Mejor\u00e9 sensiblemente mis abilidades como manipulador de mentes, que no dudaba en poner a prueba con mis v\u00edctimas mortales. En una ocasi\u00f3n eleg\u00ed como presa a una mujer a la que tan solo unos minutos antes hab\u00eda visto robar, con manos h\u00e1biles, a un hombre con el que fingi\u00f3 un choque accidental en una calle estrecha. Tras llevarla a un lugar tranquilo y seguro donde poder dar cuenta de ella, y cuando ya me dispon\u00eda a tomar su sangre, Isabelle me habl\u00f3. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 no la usas para probar tu control mental?\u201d. \u201c\u00bfAhora?\u201d. \u201cEs tan buen momento como cualquier otro\u201d. Mir\u00e9 a la mujer. Pese a mantenerla inmovilizada con mi mente, sus ojos expresaban todo el miedo que sent\u00eda. Sonde\u00e9 sus pensamientos. Ten\u00eda miedo. La hab\u00edamos raptado, la hab\u00edamos llevado hasta un lugar solitario y, mediante alg\u00fan tipo de \u201csortilegio\u201d, imped\u00edamos su fuga al mantener su cuerpo inmovilizado. Aquel hombre y aquella mujer de manifiesta hermosura que ten\u00eda ante ella, vestidos con lujosos ropajes, pod\u00edan parecer dos exc\u00e9ntricos y acaudalados personajes, pero ella bien sab\u00eda lo que eran en realidad: demonios. \u00bfY qu\u00e9 hac\u00edan los demonios con las mujeres mortales? Las pose\u00edan. Las violaban. Se contaban historias\u2026 terribles historias sobre mujeres que hab\u00edan sufrido el ataque de demonios. Seres que no ten\u00edan otra cosa que hacer m\u00e1s que divertirse a costa de los mortales, us\u00e1ndolos para sus depravados juegos. Me re\u00ed con ganas. Despues de todo, aquella mujer no iba muy desencaminada en sus pensamientos. Y pensaba que iba a ser violada&#8230; Bien, \u00bfqui\u00e9n era yo para defraudar sus espectativas?. Afloj\u00e9 la presi\u00f3n mental sobre ella lo suficiente como para que recuperara el control de sus brazos, pero no escapar. -Desn\u00fadate, mujer- le orden\u00e9 con voz firme. Vi en su mirada la confirmaci\u00f3n de sus temores. La mujer no se movi\u00f3. Segu\u00eda de pie, frente a m\u00ed, haciendo visibles esfuerzos por salir corriendo. Por escapar de los demonios. Pero los demonios no iban a dejar que huyera. Volv\u00ed a aferrarme a su mente y desdobl\u00e9 su conciencia. Ejerc\u00ed en una parte el control suficiente como para obligarla a llevar sus propios brazos hasta la abotonadura de su vestido y que comenzase a desabrocharlo, mientras dejaba libre la otra parte. Sus ojos se desorbitaron de horror al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, pues la parte libre de su mente era consciente en todo momento del control que estaba ejerciendo sobre la otra parte. Ella sent\u00eda sus brazos como un elemento ajeno, aunque integrado en su cuerpo. Y no pod\u00eda hacer nada por evitar ser desnudada con ellos, ya que ahora estaban bajo mi control. \u201cEres terrible, querido\u201d, dijo Isabelle regocij\u00e1ndose en el espect\u00e1culo. Avanc\u00e9 hacia la mujer, ya desnuda ante m\u00ed y camin\u00e9 alrededor de ella, observando su cuerpo, postergando el momento de tomarla. Ella lloraba. Isabelle re\u00eda. Me situ\u00e9 junto a mi creadora y juntos observamos a la mujer. \u201cEres uno de los seres m\u00e1s depravados que he conocido\u201d. \u201cEntonces, \u00bfsoy digno de ti?\u201d, repliqu\u00e9 sonriendo. \u201cSin duda\u201d, respondi\u00f3 ella devolvi\u00e9ndome la sonrisa. Me liber\u00e9 de mis vestiduras y salt\u00e9 sobre la mujer. La mir\u00e9 a los ojos mientras entraba en ella, asegur\u00e1ndome en todo momento de que la parte de su mente que yo manten\u00eda libre fuera consciente de todo lo que estaba ocurriendo. Decidido a llevarla a un profundo cl\u00edmax, me concentr\u00e9 en la tarea de darle placer y, cuando sent\u00ed que \u00e9ste comenzaba, clav\u00e9 mis colmillos en su cuello y comenc\u00e9 a succionar. Mientras mi cuerpo se alimentaba con su sangre, mi mente lo hac\u00eda con las sensaciones que emanaban del cerebro de la mujer. Estaba seguro de que jam\u00e1s hab\u00eda experimentado un placer f\u00edsico y mental como el que estaba sintiendo en aquellos momentos\u2026 que estaban siendo los \u00faltimos de su vida. Bes\u00e9 sus labios, ahora p\u00e1lidos con toda la ternura de la que fui capaz y me levant\u00e9, dej\u00e1ndola tendida en el suelo. \u201c\u00bfLa amas?\u201d, me pregunt\u00f3 Isabelle, mir\u00e1ndome, mientras me vest\u00eda. \u201cMe ha dado todo lo que era. No puedo dejar de amar a qui\u00e9n me lo ha dado todo\u201d. \u201cNo te entiendo\u201d. \u201cLo s\u00e9\u201d. \u201cCreo que te implicas demasiado con los mortales. Deber\u00edas mantener las distancias. Es peligroso para nosotros acercarnos tanto a ellos. Algunos inmortales han amado tanto a los humanos que han llegado a la locura al darse cuenta de que, pese a sus poderes, no pueden retenerlos en este mundo\u201d. \u201cPero pueden darles el Don\u201d. \u201c\u00bfA todos?\u201d, dijo Isabelle con un gesto de incredulidad. \u201cDe acuerdo, no a todos, pero s\u00ed a aqu\u00e9llos de cuya compa\u00f1\u00eda no puedan o no sepan prescindir\u201d. \u201cNo es tan sencillo. Uno nunca sabe qu\u00e9 resultado va a obtener al conceder el Don. Es dif\u00edcil controlar a un vampiro, incluso por parte de otro vampiro\u201d. \u201cEntonces t\u00fa corriste un riesgo al concederme el Don a m\u00ed\u201d. \u201cEn cierto modo, s\u00ed. Pero fue un riesgo calculado. Antes de que te hirieran te hab\u00eda estudiado en profundidad\u201d. Me mantuve en silencio unos segundos, meditando sus palabras. \u201cCondecer el Don\u2026\u201d. Quiz\u00e1 alg\u00fan d\u00eda yo tambi\u00e9n se lo conceder\u00eda a alg\u00fan mortal. \u201cAntes has hablado de \u201cnosotros\u201d. \u00bfCu\u00e1ndo conocer\u00e9 a a otros vampiros?\u201d. \u201cMuy pronto, querido, muy pronto\u201d. Abandonamos el lugar cogidos de la mano. En aquel tiempo mis preguntas eran constantes y cada explicaci\u00f3n de Isabelle generaba otras nuevas que ella, con la paciencia de una maestra que instruye a un chiquillo, se esforzaba en contestar. Una noche, mientras pase\u00e1bamos por las calles de la ciudad, le pregunt\u00e9 qui\u00e9n la hab\u00eda creado. Hasta ese momento sus respuestas siempre hab\u00edan sido r\u00e1pidas y precisas. Pero cuando le hice esa pregunta, pareci\u00f3 perderse en viejos recuerdos. Sin duda, la transici\u00f3n entre la vida mortal e inmortal era siempre traum\u00e1tica. \u201cHace mucho tiempo de eso. No deseo hablar de ello\u201d \u201cPero antes de m\u00ed estabas t\u00fa. Y antes de ti hubo otro. \u00bfY qu\u00e9 hubo antes que \u00e9l?\u201d. \u201cSon preguntas cuya respuesta desconozco\u201d, suspir\u00f3. \u201cPero si tanto te interesa te dir\u00e9 que fui creada hace m\u00e1s de novecientos a\u00f1os. Viv\u00eda con mi marido y mi hija en un pueblo de Germania. Los soldados romanos asaltaron el poblado en una de sus habituales operaciones de castigo para mantener sus fronteras libres de incursores. Est\u00e1bamos en nuestra casa cuando o\u00edmos los primeros gritos y los cascos de los caballos romanos. Mi marido tom\u00f3 su espada y sali\u00f3 de nuestro hogar indic\u00e1ndonos que no nos movi\u00e9ramos de all\u00ed. Fue la \u00faltima vez que lo vi. Al cabo de un rato, la puerta se abri\u00f3 con violencia y entr\u00f3 un grupo de soldados romanos. Nos violaron a las dos\u2026 una y otra vez. Se turnaban para ello. Vi c\u00f3mo mi porpia hija mor\u00eda mientras era violada por aquellos salvajes sin escr\u00fapulos. Ojal\u00e1 los tuviera ahora ante m\u00ed.\u201d Isabelle lloraba. Su cara se hab\u00eda se hab\u00eda transformado en un m\u00e1scara donde se mezclaban el horror y la furia apenas contenida. Cuando pronunci\u00f3 la \u00faltima frase sent\u00ed miedo. Percib\u00ed una fuerte oleada de odio emanando de ella. Aquellos romanos nunca sabr\u00e1n la suerte que tienen de estar muertos y enterrados, pues a buen seguro que Isabelle les hubiera proporcionado una muerte mucho m\u00e1s cruel que la que sufrieron. Su semblante pareci\u00f3 apaciguarse un poco y continu\u00f3 con el relato. \u201cCuando los soldados abandonaron la casa, hac\u00eda ya rato que el ruido de la batalla hab\u00eda dado paso a los sonidos propios del saqueo: gemidos, gritos, risas, el crepitar de las llamas que prend\u00edan en la madera de las casas\u2026 Yo yac\u00eda en el suelo, desnuda y ensangrentada. Del techo comenzaron a surgir volutas de humo. Estaba ardiendo. Como pude, me arrastr\u00e9 hasta el exterior. El panoramam era desolador: cuerpos sin vida por todas partes, ni\u00f1os llorando junto a los cad\u00e1veres de sus madres, casas ardiendo\u2026 No s\u00e9 el tiempo que pas\u00e9 tendida all\u00ed, sin pensar en nada, en un estado de semiinconsciencia, pero s\u00ed recuerdo haber visto mi hogar convertido en un mont\u00f3n de pavesas humeantes antes de sentir c\u00f3mo era elevada por los aires y llevada hasta alg\u00fan lugar fresco. Mi salvador, como ya te puedes imaginar, era uno de nosotros. Su nombre era Nafir. Me dio a elegir: la muerte o el Don. A\u00fan rota por el dolor del recuerdo de mi marido y mi hija, eleg\u00ed la inmortalidad. Muchas cosas pasaron desde entonces entre ambos\u2026 \u00c9l me ense\u00f1\u00f3 a desenvolverme con mi nueva identidad inmortal, tal y como yo estoy haciendo contigo. Sin embargo, hace ya varios siglos que no veo a Nafir. No s\u00e9 si a\u00fan existe o, por el contrario, ya abandon\u00f3 este mundo\u201d. \u201c\u00bfDecidisteis separaros?\u201d. Isabelle esboz\u00f3 una amarga sonrisa. \u201cLo decidi\u00f3 \u00e9l\u201d. Sent\u00ed una punzada en el coraz\u00f3n. \u201cEntonces\u201d, murmur\u00e9, \u201cdespu\u00e9s de todo, s\u00ed hay otro\u201d. Ella se situ\u00f3 frente a m\u00ed, me rode\u00f3 la cintura con sus brazos y me bes\u00f3 en los labios. \u201cAquello sucedi\u00f3 hace mucho tiempo. Ahora est\u00e1s t\u00fa\u201d. \u201c\u00bfMe abandonar\u00e1s alg\u00fan d\u00eda?\u201d \u201cNo se me otorg\u00f3 el poder de ver el futuro\u201d. \u201cEsquivas mi pregunta\u201d. Isabelle suspir\u00f3. \u201cDe verdad que no lo s\u00e9. Es posible que alg\u00fan d\u00eda sea necesario. Por ti o por m\u00ed\u201d. Me sent\u00ed un poco abatido. No me imaginaba mi existencia inmortal sin tener a Isabelle a mi lado. Si ella me abandonaba alg\u00fan d\u00eda\u2026 \u201c\u00bfQu\u00e9 hace un vampiro cuando se cansa de vivir?\u201d \u201cLo mismo que cualquier mortal: quitarse la vida. Ya te cont\u00e9 que s\u00f3lo hay dos formas de acabar con nosotros: mediante el fuego o mediante la luz del Sol. De todos modos, si alguna vez sientes tentaciones de quitarte la vida, te recomiendo el fuego. Es menos doloroso que el Sol&#8230; Pero deja que acabe el relato. Ahora que he comenzado a cont\u00e1rtelo, me apetece hablar de ello. Cuando Nafir me dej\u00f3\u201d, continu\u00f3 Isabelle,\u201d estuve muy mal durante un tiempo. Incluso pens\u00e9 en acabar con mi existencia.\u201c \u201cTe entiendo\u201d. Isabelle me mir\u00f3 y sent\u00ed como su mano apretaba ligeramente mi cintura. \u201cViv\u00ed durante a\u00f1os\u201d, continu\u00f3 ella, \u201csin ning\u00fan objetivo. Sin nada que hacer m\u00e1s que cazar. Me divert\u00eda seduciendo a los mortales, jugando con ellos\u2026 Organizaba fiestas, conciertos\u2026 No hab\u00eda noche en que no acabara en la cama con un hombre, o una mujer\u2026 o varios. Supongo que intentaba llenar de alguna forma el espacio dejado por Nafir al marcharse. Pero todo era in\u00fatil. Estaba al borde de la locura\u2026 Y, un d\u00eda, mi locura me hizo sufr\u00edr un accidente. Estuve a punto de ser destru\u00edda. Y tuve miedo. Comprend\u00ed que no quer\u00eda que mi existencia acabara. Entonces abandon\u00e9 el lugar y a todos los que conoc\u00eda y me dediqu\u00e9 a recorrer el mundo. No hay mucho m\u00e1s que contar\u201d. Permanec\u00ed unos segundos en silencio. \u201cSiento que ya no est\u00e9s con Nafir\u201d, dije. \u201cDa igual. Ya no soy la Isabelle que \u00e9l conoci\u00f3 y a la que otorg\u00f3 el Don. Soy m\u00e1s\u2026 pero tambi\u00e9n soy menos\u201d. Empezaba a comprender a Isabelle. La mortalidad perdida siempre suscitaba en nosotros la angustia de lo que una vez fue y ya no podemos recuperar. Nuestra inmortalidad, nuestra belleza imperecedera, nuestros poderes\u2026 son lo \u00fanico que los mortales perciben en nosotros. Pero ellos son incapaces de ver m\u00e1s all\u00e1. No acceden a nuestros pensamientos como nosotros accedemos a los suyos. No pueden percibir nuestra angustia ante la certeza de que no hay descanso para los de nuestra especie. Mis pensamientos volvieron de nuevo al origen de Isabelle. Nafir\u2026 si viviera, \u00bfqu\u00e9 poderes tendr\u00eda? \u00bfQu\u00e9 saber habr\u00eda cumulado a trav\u00e9s de tantos siglos de existenicia? \u00bfY qui\u00e9n habr\u00eda creado a Nafir? Y antes de su creador, \u00bfqu\u00e9?. Decid\u00ed que, alg\u00fan d\u00eda, buscar\u00eda a Nafir. Que le preguntar\u00eda cu\u00e1l era nuestro origen. Pens\u00e9 que, con el tiempo, aprender\u00eda qui\u00e9nes somos y c\u00f3mo aparecimos sobre la faz de la tierra. Pero tambi\u00e9n en esto, como en muchas otras cosas, me equivoqu\u00e9. En novecientos a\u00f1os no he encontrado respuestas a este misterio. Aparecimos y existimos, pero desconozco por qu\u00e9. Quiz\u00e1 nuestra misi\u00f3n sea reinar sobre todas las criaturas. Pero, entonces, \u00bfpor qu\u00e9 se nos hizo vulnerables a la luz del Sol? O quiz\u00e1 nuestra raz\u00f3n de existir sea controlar la siempre creciente poblaci\u00f3n de mortales como un depredador de orden superior. Pero ellos siguen multiplic\u00e1ndose\u2026 Seguimos paseando cogidos de la cintura. Isabelle y yo siempre regres\u00e1bamos antes del amanecer al palacio y hac\u00edamos el amor cada noche, abraz\u00e1ndonos, tomando y d\u00e1ndonos nuestra sangre hasta que las luces del alba nos obligaban a desenlazar nuestros cuerpos y retirarnos a nuestros respectivos sarc\u00f3fagos para descansar. En una ocasi\u00f3n, despu\u00e9s de que hubi\u00e9ramos hecho el amor y rompiendo un silencio que duraba ya varios minutos, Isabelle me dijo: \u201c\u00bfTe arrepientes de ser lo que eres?\u201d. \u201c\u00bfC\u00f3mo puedo arrepentirme?\u201d, le dije, sinceramente sorprendido. \u201cSin el Don estar\u00eda muerto\u201d. \u201cPero no te di a elegir. Yo puede elegir, pero t\u00fa no\u201d. Entonces la estrech\u00e9 entre mis brazos y la bes\u00e9 con toda la pasi\u00f3n de que fui capaz. \u201cNo me arrepiento\u201d. Ella correspondi\u00f3 a mi abrazo, e hicimos de nuevo el amor mientras yo murmuraba, esta vez con mi propia voz. -Isabelle\u2026 mi Isabelle\u2026 mi reina\u2026 mi diosa\u2026 Hellcat Barcelona 16 de junio de 2004"}