{"version":"1.0","provider_name":"MeRCeNaRioS -={GGS}=-","provider_url":"https:\/\/www.mercenarios.org\/wps","author_name":"Malach","author_url":"https:\/\/www.mercenarios.org\/wps\/author\/malach\/","title":"Una historia de guerra... - MeRCeNaRioS -={GGS}=-","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"LTd6ne8NPj\"><a href=\"https:\/\/www.mercenarios.org\/wps\/forums\/topic\/una-historia-de-guerra\/\">Una historia de guerra&#8230;<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/www.mercenarios.org\/wps\/forums\/topic\/una-historia-de-guerra\/embed\/#?secret=LTd6ne8NPj\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"\u00abUna historia de guerra&#8230;\u00bb \u2014 MeRCeNaRioS -={GGS}=-\" data-secret=\"LTd6ne8NPj\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/www.mercenarios.org\/wps\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"> Alguien escribi\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n que si una historia de guerra parece > moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repet\u00ed yo mismo. Pero eso no es > del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la > moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la > protagonizan, y de quienes la cuentan. \u00c9sta de hoy es una historia de > guerra, y quiero cont\u00e1rsela a ustedes tal como algunos amigos m\u00edos me han > pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle > letras, puntos y comas. > > Base de Mazar Sharif, Afganist\u00e1n. Cinco guardias civiles, de comandante a > sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la polic\u00eda > afgana. Cinco guardias de veintid\u00f3s llegados hace cinco meses y medio, > desperdigados por una geograf\u00eda hostil y cruel, en misi\u00f3n de alto riesgo, > en una guerra a la que en Espa\u00f1a ning\u00fan Gobierno llam\u00f3 guerra hasta hace > cuatro d\u00edas. Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente > acuchillada, porque lo da el oficio. Sab\u00edan desde el principio que a la > Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. Y menos en Afganist\u00e1n. Si > lo que iban a hacer all\u00ed fuera f\u00e1cil, seguro, c\u00f3modo o bien pagado, otros > habr\u00edan ido en vez de ellos. Aun as\u00ed, lo hicieron lo mejor que pod\u00edan. Que > era mucho. Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses > y polacos, viv\u00edan con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes > de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin > romanticismo imperial ninguno. S\u00f3lo fr\u00edo, calor, insolaciones, sue\u00f1o, > enfermedades, soledad. Peligro. Los \u00fanicos cinco espa\u00f1oles de la base, de > la provincia y de todo el norte de Afganist\u00e1n. > > Ellos y sus compa\u00f1eros hab\u00edan llegado a la misi\u00f3n tarde y mal, aunque \u00e9sa > es otra historia. Que la cuenten quienes deben contarla. Aun as\u00ed, con la > resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se > pusieron al tajo. Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta. > Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y > franceses, sabe de qu\u00e9 van las cosas. Sobre todo con los norteamericanos, > que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro. > Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al > principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender > r\u00e1pido, trabajar m\u00e1s que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para > todo. Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar. Y as\u00ed, a base de > orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar > Sharif se hicieron respetar. > > Un triste d\u00eda se enteraron de la muerte de sus dos compa\u00f1eros en Qualinao. > De la p\u00e9rdida de dos guardias civiles de aquellos veintid\u00f3s que llegaron > hace medio a\u00f1o, y de su int\u00e9rprete. Y pensaron que el mejor homenaje que > pod\u00edan hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base > fuese sustituida, aquel d\u00eda, por la espa\u00f1ola a media asta. Eso no se hace > all\u00ed nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses > sufrieron numerosas bajas, y tambi\u00e9n caen holandeses y polacos. As\u00ed que el > jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al > jefe norteamericano. Accedi\u00f3 \u00e9ste, aunque extra\u00f1ado por la petici\u00f3n. > Saliendo del despacho, el guardia civil se encontr\u00f3 con el jefe del > contingente franc\u00e9s, quien dijo que a \u00e9l y a sus hombres les parec\u00eda bien > lo de la bandera. En \u00e9sas apareci\u00f3 otro norteamericano, el mayor James, > que nunca se distingui\u00f3 por su simpat\u00eda ni por su aprecio a los espa\u00f1oles, > y con el que m\u00e1s de una vez hubo broncas. Pregunt\u00f3 James si los muertos de > Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin m\u00e1s > comentarios. > > A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas hab\u00eda vida, > los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en > silencio, solos en la explanada, cinco espa\u00f1oles en el culo del mundo: > Rafael, \u00d3scar, Rafa, Jes\u00fas y Jos\u00e9. Cuando se dispon\u00edan a arriar la ense\u00f1a, > apareci\u00f3 el teniente coronel franc\u00e9s con sus cuarenta gendarmes, que sin > decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el > teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y tambi\u00e9n los polacos > y los holandeses. Hasta el peque\u00f1o grupo de Dyncorp, la empresa de > seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de > presencia. Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco > espa\u00f1oles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un > nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni > protocolo, el capit\u00e1n Rafa y el sargento Jos\u00e9 arriaron despacio la > bandera. Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo > parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta > la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy. > > XLSemanal, 12 de Septiembre de 2010","thumbnail_url":"http:\/\/img209.imageshack.us\/img209\/1451\/user163fotoguardiacivil.jpg"}