{"version":"1.0","provider_name":"MeRCeNaRioS -={GGS}=-","provider_url":"https:\/\/www.mercenarios.org\/wps","author_name":"mesUx","author_url":"https:\/\/www.mercenarios.org\/wps\/author\/mesux\/","title":"Diario de a bordo. - MeRCeNaRioS -={GGS}=-","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"Hf6Trf9PBl\"><a href=\"https:\/\/www.mercenarios.org\/wps\/forums\/topic\/diario-de-a-bordo\/\">Diario de a bordo.<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/www.mercenarios.org\/wps\/forums\/topic\/diario-de-a-bordo\/embed\/#?secret=Hf6Trf9PBl\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"\u00abDiario de a bordo.\u00bb \u2014 MeRCeNaRioS -={GGS}=-\" data-secret=\"Hf6Trf9PBl\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/www.mercenarios.org\/wps\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"Era la noche en la que el grupo de rock g\u00f3tico &quot;The Mission&quot; tocaba en el Heineken Greenspace de Valencia, antigua f\u00e1brica de ladrillo color marr\u00f3n reformada y habilitada exclusivamente para este tipo de eventos. Portones enormes de metal gobernaban la anticuada fachada de la f\u00e1brica, a sus p\u00edes, el escaso n\u00famero de personas dibujaba un paisaje casi desolador, siendo as\u00ed la poca multitud, que ni tan siquiera llegaba a contarla con los cinco dedos de una mano. Finalmente, tras una indecisa semana, decido comprar la entrada la misma noche y en el propio local. Mi decisi\u00f3n tomada apenas una hora antes, me lleva hasta las mismas puertas de aquel lugar. Apenas conozco al grupo que va a tocar, pero me apunto al concierto como el que no tiene nada que hacer y se suele apuntar a los bombardeos. Llegado el momento, el greenspace se convirti\u00f3 en el punto de encuentro de aquella noche para los tres amigos que \u00edbamos a ir. Mi an\u00e9cdota no va m\u00e1s all\u00e1 de la primera media hora, cuando momentos antes de entrar al recinto donde se daba lugar el concierto ,y despu\u00e9s de ver a algunos fans con la cena envuelta en papel de plata bajo el brazo, pensamos que ser\u00eda buena idea cenar antes de que comenzasen a sonar las guitarras, y as\u00ed, no perdernos nada del espect\u00e1culo. Como por arte de magia, la atm\u00f3sfera se inund\u00f3 de un olor a cebolla casi palpable, por momentos, deseamos que ese olor se dejara ver para poder seguirle el rastro, pero como si de los mejores perros de caza se tratase, apenas sin llegar a pensarlo, a ese olor de cebolla ya le hab\u00edamos seguido el rastro, de tal manera, que nos vimos frente a la cortina de humo que desprend\u00eda la plancha, y en ella, las m\u00e1s deliciosas hamburguesas que haya podido ver el ojo humano y el olor de unas cebollas talladas a la perfecci\u00f3n que humeaban atrayendo a gentes de cualquier planeta o continente. Hamburguesa en mano nuestro deseo ya pod\u00eda haberse dado por cumplido, ese puesto donde cocinan hamburguesas era para muchos un oasis con palmeras, aunque este, simplemente, ten\u00eda la forma de una lata de Heineken tumbada. Sin haber dado el pistoletazo de salida, entre enormes bocados la hamburguesa se desvanec\u00eda como un hilo de p\u00f3lvora consumido por el fuego. S\u00f3lo faltaban unos minutos para poder ver las siluetas con sus guitarras encima del escenario. Mientras tanto, el delicioso sabor propio de la hamburguesa casera activaban cada una de mis papilas gustativas, hasta tal punto que con media hamburguesa en la mano ya comenzaba a preguntarme por qu\u00e9 lado de la servilleta se me hab\u00eda escapado la carne. Entonces, fue cuando llegado este momento pude darme cuenta de que me hab\u00eda comido media hamburguesa, y que a \u00e9sta, por alguna raz\u00f3n que desconozco, olvidaron ponerle la carne. Nota del autor: He finalizado de esta manera, es decir, no hay carne y punto para que cada uno piense lo que har\u00eda y tenga su propio final. Lo que yo hice fue reclamarla sin importarme que se pensase que ya me lo hab\u00eda comido. Aunque creo que es lo que har\u00eda todo el mundo, a\u00fan quedaba un trozo de pan para acompa\u00f1ar al personaje carnoso"}